- David..., Daviiid,... Daviiiiiid - escuchó en un susurro
mientras recobraba la lucidez.
Entre la
bruma distinguió dos figuras que se acercaban lentamente.
Recordaba las luces de la sala de emergencia, a los
paramédicos con la máscara de oxígeno y a su querida mujer quien lo había acompañado por más de medio siglo y quien lo llamaba con
angustia.
No sabía dónde estaba y sentía poco a poco como su
respiración se hacía más pausada. El sueño profundo venía y no podía evitarlo,
lo último que vio fue la mano de su esposa sobre la suya...
- ¡David! - dijo una voz. Las figuras ya eran claras.
- ¿Mamá? - preguntó David .- pero, pero... te ves tan joven.
Sin hablar, su madre se acercó y sin decir palabra lo
abrazó dándole un tierno beso en la mejilla.
- Hola hermano mío - dijo la otra figura.
- ¿Antonio? - preguntó David mientras sonreía de felicidad.
Se acercaron uno al otro y entre los tres se abrazaron en un cálido círculo.
- ¡Bienvenido! - le dijeron -, hace muchos años que esperábamos
por ti y ahora estamos los tres juntos otra vez.
Cogiéndolo de la mano lo invitaron a caminar con ellos.
Deambularon por horas en la bruma mientras reían recordando viejos tiempos.
Al llegar a una vereda entraron, a lo lejos se distinguía un fuerte resplandor en lo que parecía ser el final del sendero.
Mientras caminaban a ambos lados de la vía distinguió a
familiares y amigos del pasado que con una sonrisa en los labios lo saludaban.
Al final de la ruta y de la mano de su madre y hermano
cruzó el portal de luz no sin antes comprender que había muerto...
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Descansa en paz papá
David Ravenna Ocharán (12/12/1928 - 18/12/2013)
No lloro la muerte de tu cuerpo. Celebro la liberación de tu espíritu.
No lloro la muerte de tu cuerpo. Celebro la liberación de tu espíritu.
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