- No todos son como tú. No todos siguen las reglas - dijo el administrador del club -. No te hagas problema, busca un sitio vacío y estaciónate ahí – añadió mientras almorzaba.
Sorprendido por la respuesta lo miré y sin atinar a decir nada, di la media vuelta y me retiré desconcertado.
Era el fin de semana largo y con mi familia estábamos ocupando una cabaña en el club del que éramos socios.
Las cabañas estaban ubicadas en la parte posterior del recinto y compartían un área extensa. De material prefabricado eran lo suficiente grandes para albergar a una familia. Los ambientes estándar tenían dos cuartos, un baño y una sala. En la entrada había un patio con una mesa y sillas, una sombrilla y una parrilla empotrada, de modo que brindaban comodidad a quienes las ocupaban.
Por cumplir el reglamento de prohibición de mascotas, el día anterior antes de llegar, habíamos dejado a pupi, nuestro perro, en una veterinaria en Lima cerca a nuestro domicilio.
El estacionamiento que nos habían asignado estaba ubicado al lado de una palmera, sitio ideal porque el auto quedaba cubierto del fuerte sol de aquellos días.
El primer día nos divertirnos en la piscina y comiendo parrilla, pero el segundo, decidimos ir en auto a visitar a una tía que vivía por la zona.
Cerca de mediodía al regresar, me di con la sorpresa, que mi lugar de estacionamiento había sido ocupado por un auto Nissan Negro de placa A7B461. Mortificado me acerqué para darme con la sorpresa que en su interior había un perrito blanco al que habían dejado solo.
El animalito me miraba receloso desde el asiento posterior. Súbitamente comenzó a ladrarme por lo que me retiré dispuesto a llamar al encargado para que ubique al propietario.
- ¿Alo?, Buenos días por favor con el señor Cueva – dije luego de marcar el número consignado en la hoja de papel pegada tras la puerta de mi cabaña.
- Sí yo soy – dijo una voz al otro lado de la línea
- Como está, Soy el propietario del bungalow 112 – y a continuación expliqué el motivo de mi llamada.
Luego de escucharme, respondió:
- Pero… hay otros sitios disponibles, busque uno y estaciónese ahí.
Fastidiado le corté y me fui a hablar con el administrador quién me respondió lo mostrado al inicio de la lectura.
Decepcionado fui a mi bungalow a sentarme a tomar aire en la entrada.
Cerca de las 6:30 de la tarde divisé a los propietarios acercarse a su automóvil. La cereza del pastel se dio cuando bajaron a su perrito y luego de ponerle la correa procedieron a pasearlo a vista y paciencia de todo el mundo…
Cuando niño solía ver en la TV un programa llamado la dimensión desconocida donde ocurrían hechos que iban contra toda lógica, lo que me lleva a la siguiente reflexión:
¿En qué momento pasé a la dimensión desconocida donde las reglas son la excepción y la excepción es la regla?
Sorprendido por la respuesta lo miré y sin atinar a decir nada, di la media vuelta y me retiré desconcertado.
Era el fin de semana largo y con mi familia estábamos ocupando una cabaña en el club del que éramos socios.
Las cabañas estaban ubicadas en la parte posterior del recinto y compartían un área extensa. De material prefabricado eran lo suficiente grandes para albergar a una familia. Los ambientes estándar tenían dos cuartos, un baño y una sala. En la entrada había un patio con una mesa y sillas, una sombrilla y una parrilla empotrada, de modo que brindaban comodidad a quienes las ocupaban.
Por cumplir el reglamento de prohibición de mascotas, el día anterior antes de llegar, habíamos dejado a pupi, nuestro perro, en una veterinaria en Lima cerca a nuestro domicilio.
El estacionamiento que nos habían asignado estaba ubicado al lado de una palmera, sitio ideal porque el auto quedaba cubierto del fuerte sol de aquellos días.
El primer día nos divertirnos en la piscina y comiendo parrilla, pero el segundo, decidimos ir en auto a visitar a una tía que vivía por la zona.
Cerca de mediodía al regresar, me di con la sorpresa, que mi lugar de estacionamiento había sido ocupado por un auto Nissan Negro de placa A7B461. Mortificado me acerqué para darme con la sorpresa que en su interior había un perrito blanco al que habían dejado solo.
El animalito me miraba receloso desde el asiento posterior. Súbitamente comenzó a ladrarme por lo que me retiré dispuesto a llamar al encargado para que ubique al propietario.
- ¿Alo?, Buenos días por favor con el señor Cueva – dije luego de marcar el número consignado en la hoja de papel pegada tras la puerta de mi cabaña.
- Sí yo soy – dijo una voz al otro lado de la línea
- Como está, Soy el propietario del bungalow 112 – y a continuación expliqué el motivo de mi llamada.
Luego de escucharme, respondió:
- Pero… hay otros sitios disponibles, busque uno y estaciónese ahí.
Fastidiado le corté y me fui a hablar con el administrador quién me respondió lo mostrado al inicio de la lectura.
Decepcionado fui a mi bungalow a sentarme a tomar aire en la entrada.
Cerca de las 6:30 de la tarde divisé a los propietarios acercarse a su automóvil. La cereza del pastel se dio cuando bajaron a su perrito y luego de ponerle la correa procedieron a pasearlo a vista y paciencia de todo el mundo…
Cuando niño solía ver en la TV un programa llamado la dimensión desconocida donde ocurrían hechos que iban contra toda lógica, lo que me lleva a la siguiente reflexión:
¿En qué momento pasé a la dimensión desconocida donde las reglas son la excepción y la excepción es la regla?
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